Hoy por fin he tenido unas PRACTICAS (así, con mayúsculas, porque hemos estado en consultas, viendo, tocando y haciendo) en condiciones. Una de las pacientes ha sido una chica, personal del hospital, pero no me digas de que parte porque no se lo hemos preguntado, aquí todo el que lleva bata blanca es personal del hospital, que parecía que la habían contratado los que escriben el Harrison para hacernos una demostración sobre los cálculos biliares, era todo típico: mujer con sobrepeso, que tras las navidades sufre un episodio de dolor en hipocondrio derecho una hora después de una comida que se irradia a espalda, es que casi no hacía falta ni que la hubieran hecho ecografía, pero se la hicieron claro, lo cual confirmaba la sospecha, la exploración clarísima tambien, pero lo que no estaba tan claro era la decisión que había que tomar… Como ocurre tantas veces en los hospitales, la solución sí que estaba clarísima, el problema es que había dos soluciones, y las dos muy claras, la residente de cirugía vería clarísimo que la chica se tenía que operar, y la paciente veía clarísimo que por un par de veces que la hubiera dolido la tripa no se iba a extirpar un órgano.

Este caso se da bastante en la clínica, los pacientes no entienden el riesgo real al que están expuestos, porque no son capaces de ver a largo plazo (lease dejar de fumar por ejemplo), y a los médicos nos machacan la cabeza durante 6 años de carrera con toooooooooodas las posibles complicaciones que pueden toooooooodos los síntomas y todos los síndromes que te encuentres. Por eso la mayoría de médicos presuponen que su deber es “convencer” al paciente para que haga lo que el médico cree, que para eso ha estudiado 6 años.

Bien, en cualquier caso la ética médica dice que hay que respetar la decisión del paciente y, una vez que nos hemos asegurado de que conoce bien los riesgos y las opciones terapéuticas que tiene, dejar de darle la brasa y ayudarle en lo que se pueda, y es cierto que hay casos en los que da rabia ver como la gente pasa de los médicos ante cosas que están más que demostradas que sería mejor hacerlas o dejar de hacerlas (lease de nuevo dejar de fumar, o dejar de beber, o hacer ejercicio…), pero hay casos, como este que cuento, en el que no está tan claro.

Es cierto que los cálculos biliares se pueden complicar, pero también es cierto que hay otras opciones antes de pasar por el quirófano, aunque en la universidad no nos las enseñen, pero no podemos encerrarnos en una biblioteca y pensar que no hay mundo más allá. Esta chica estaba totalmente decidida a cambiar de hábitos, incluso a adelgazar si le hubiéramos dicho que así disminuiría el riesgo de padecer cálculos biliares (cosa que es cierta), pero la resi de cirugía (como casi todos los cirujanos), aunque es majísima, si no hay bisturís de por medio pierde el interés y no plantea más opciones. Yo no creo que los médicos tengan que saberlo todo de todo, pero sí al menos conocer las opciones que otras terapias nos brindan, tampoco hace falta que se comulgue con todas las ideas, pero desde el principio de autonomía del paciente, lo correcto es informarle, si es conveniente se le indica lo que está avalado científicamente y lo que no, lo que se cree que puede ser efectivo y lo que no, y todo lo que se considere oportuno; pero una vez que sabemos que el paciente no nos va a hacer caso (rechazando la cirugía en este caso) si le cerramos todas las puertas puede que le conduzcamos por un camino mucho peor que dejar de comer grasas y adelgazar, por ejemplo.

Aquí dejo un enlace de las terapias alternativas que he encontrado para tratar los cálculos de la vía biliar, por comentarios que he leído en algunos foros, al parecer la dieta de desintoxicación de la vesícula funciona muy bien, y no creo que por estar unos días comiendo unos pimientos crudos de más se muera nadie…

http://saludbio.com/content/vesicula-biliar-piedras-colicos-biliares