En esta entrada no me voy a enrrollar mucho, que me lio, me lio, y al final no sé ni lo que digo. La cuestión es, que yo pensaba que desde que se había aplicado la nueva ley antitabaco, la gente se había tomado bastante en serio lo de no fumar en ciertos sitios (colegios, hospitales, en el metro…), aunque siga en debate si se puede o no fumar en otros lugares públicos como bares, dicotecas, paradas de transporte público al aire libre, etc…

Ya por una parte no me parece bien que la gente esté fumando en la puerta del hospital, es un sitio grande en el que siempre hay alguien con ganas de fumar, con lo que la puerta del hospital está contínuamente llena de gente fumando. Bastante le cuesta a algunas personas mayores subir los cuatro escalones que dan a la entrada principal, como para encima tener que hacerlo llenándose los pulmones de humo de tabaco de segunda mano. En este caso yo soy una defensora absoluta de las zonas habilitadas para los fumadores, aunque tenga que ser fuera del hospital (¿tan caro es hacer una sala con 4 paredes y un extractor de humo?). Pero bueno, entiendo la necesidad del fumador y, si la ley les manda a la puerta, ellos obedientes.

Pero lo que no puedo entener, y me tiene lela todavía, es haber podido comprobar que aún hay médicos que fuman dentro del hospital. Y no hablo de un caso aislado, ni de bajarse a los sótanos donde más de 4 plantas te separan de cualquier paciente, sino de despachos en las mismas plantas en las que hay habitaciones. La sensación que a mi me ha dado es que hay un sentimiento de, “que no me vea nadie”, no como antiguamente, que se podía fumar en las escaleras, y allí que nos íbamos todos sin ocultarnos y sin ningún pudor ni remordimiento de conciencia; pero “yo estoy en mi casa y hago lo que quiero”.

No se que opinareis los fumadores, pero una de mis compañeras de prácticas fuma (y bastante) y tmabién se quedó lela cuando lo vió, de hecho ella no fumó (y podría haberlo hecho).

Creo que voy a empezar a hacer chantaje como el que plantean en la viñeta del jueves…