Archive for marzo, 2010


De padres separados

Llevo unas semanas rotando por servicios donde la historia familiar es muy importante en la salud del paciente, hace tres semanas comencé las prácticas de psiquiatría y esta semana estoy ya en pediatría (¡¡al fin!!), y estoy comprobando como evoluciona lo que a mi me parece una auténtica plaga del siglo XXI: los divorcios de parejas con hijos. Es increíble como puedes pasarte una mañana entera escuchando diferentes historias sobre familias rotas, pero todas con un denominador común: afectan, en ocasiones mucho, a la salud de los hijos.

Seguramente el hecho de ser hijos de padres separados no sea en sí mismo un factor de riesgo para prácticamente nada, pero en separaciones mal llevadas puede generar grandes angustias a los hijos que les pueden llevar a enfermar por diferentes motivos.

En el caso de los pacientes psiquiátricos, aunque muy probablemente casi todas las patologías tengan una base orgánica, o una cierta predisposición, si qué observé que la mayoría de pacientes que ví (tampoco he estado mucho tiempo, vamos que no sacaría pacientes suficientes como para hacer un estudio científico) venían de familias desestructuradas y/o de ambientes inestables durante su infancia. Factores que muchas veces, si no desencadenantes, sí resultaban perpetuadores de la psicopatología del paciente.

En el caso de la pediatría es increíble la de niños pequños que vienen a la consulta de padres separados. Como estoy haciendo las prácticas en endocrino, estoy viendo que a muchos de estos niños la situación les genera ansiedad, lo cual les dificulta seguir unos hábitos alimentarios, unas rutinas de ejercicios… además de las consabidas guerras del estilo de “no, si en mi casa come divinamente, es que cuando va a casa de su padre come lo que le da la gana” y viceversa el día que viene a consulta con el padre. Al final el niño se ve metido en un rifirafe sin comerlo ni beberlo (nunca mejor dicho) y no sabe ni que hacer, además la mayoría de las veces los padres sacan trapos sucios del otro progenitor con el niño delante, no cual no ayuda mucho tampoco, la verdad.

Total, que al final una ya duda de todo, porque aunque tú, evidentemente, quieras a tu pareja, estés segura de que es el hombre de tu vida y todas esas cosas, vas viendo como día tras día se van rompiendo matrimonios a tu alrededor, y piensas “¿conseguiré ser yo la rara que aguante durante lo que me queda de vida con la misma persona?” Espero que sí.

En cualquier caso, y como hija de padres separados (no iba a ser una rareza yo) y como observadora de muchas tragedias familiares en las últimas semanas, desde aquí me gustaría pedir a todos los padres que lean esto, por muy seguros que estén a día de hoy de lo que hacen (que me parece perfecto), que si algún día, por el motivo que sea, deciden que su vida tiene que ir por otro camino, que por favor pongan siempre a sus hijos por delante de todo lo demás, que no discutan las decisiones del otro con los niños, sino entre ellos mismos y pensando siempre en lo mejor para sus hijos, que aunque se acabe el amor en una pareja, el sentido común, el saber estar, la educación, el respeto hacia la otra persona, no tiene por que desaparecer.

Gracias.

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En otro post puse los regalitos que llevamos para María, la mami de Mateo (que de emes). En este os dejo los regalitos que llevamos a Manoli, la mami de Irene. Básicamente es lo mismo pero de distintos colores (tengo imaginación, pero no tanta).

Como desde las estadísticas veo que mucha de la genta que entra en el blog es porque le sale en google una foto que puse en un post sobre el otoño cuando buscan fondos de escritorio, he decidido hacer un post con fondos de otoño que tengo en el ordenador, por lo menos que el blog le sea útil a alguien 😛

Las fotos no son mías, son fotos que he ido recopilando por ahí con los años, así que si a alguien le molesta que tenga alguna, que lo diga que la quito sin dilación.

Ale, hoy ya no subo más, si a alguien le gusta sigo otro día, que parece una tontería pero lleva su tiempo esto, jejeje.

Como ya todo el mundo sabe (y cuando digo todo el mundo, me refiero a que me falta empapelar Madrid), si todo va bien, y si no seguramente también, en Junio me voy a Asturias a pegarme una buena paliza estudiando el MIR. Cuando se lo cuento a alguien normalmente lo primero que me preguntan es:

-¿A Asturias te vas?

-Pues sí, a Oviedo.

-Pero… ¿y eso?

-Pues nada, que hay una academia allí que yo creo que me va a venir muy bien para sacar buena posición en el MIR.

-Ahhh, y hasta cuando te vas?

-En principio hasta Enero, o hasta cuando sea el MIR.

Y pasada esta conversación de perogrullo viene la pregunta del millón:

-Peroperoperoperoooooooooooooo ¿Y tu novio?

-Mi novio se viene conmigo, claro, a “cuidarme”.

O_O <– Esta es la cara más light que he visto.

Y es que a la gente le parece raro que, después de una relación de más de 10 años, habiendo superado una ruptura de más de 3 años entre medias, mi novio se venga conmigo a cuidar de mí mientras yo me pego la chapa de estudiar 12 horas diarias.

Una residente de cirugía que había estudiado el MIR allí también, al comentar con ella la posibilidad de irnos a vivir a las afueras de Oviedo y que mi novio me lleve a clase todos los días me dijo:  “¿Y si discutís un día?” Aquí la que se quedó así O_O fuí yo, que pensé “jamía, ¿que clase de novio tienes tú, que si discutí un día se olvida de todos los compromisos que tiene contigo?” Si discutimos me lleva igual, seguramente no vayamos riéndonos por el camino ni charlando como cotorras, pero me lleva igual, además, estudiando 12 horas al día no creo que tenga mucho tiempo para discutir…

Es cierto que el trabajo de mi pareja le permite moverse por toda España, que gracias a su titulación le resulta casi más fácil trabajar en Asturias que aquí, y que tiene el paro concedido hasta después de que volvamos y además lo puede compaginar con el trabajo, porque al ser trabajos temporales los días que trabajan se dan de baja del paro y siguen cotizando, y todo esto le facilita mucho las cosas a la hora de desplazarse y de poder dedicar gran parte de su tiempo a conseguir que yo no tenga mucho más que hacer que estudiar. Pero últimamente como estoy más pendiente del tema del examen y de la residencia, veo a mucha gente en esta tesitura, me tengo que ir de mi ciudad, ¿que hago con mi pareja? y mi pregunta es: “¿Acaso no sabías desde que empezaste la carrera que ésto iba a pasar? ¿Es que tener que hacer el MIR es una cosa nueva que han implantado este año? ¿Es que no conoces tus limitaciones para no saber si te vas a poder quedar en tu ciudad o no hasta el último minuto?” No sé, son cosas que me pregunto, la verdad, yo entiendo que tengo suerte por tener la situación que tenemos, pero si no la tuviéramos ya hace tiempo que hubiéramos hablado sobre el tema y tendríamos igualmente una solución.

El caso es que cuando cuento mi caso hay gente (no toda por suerte, no vayamos a entender ahora lo que no es) que me mira como si estuviera saliendo con un bicho raro, y yo creo que los bichos raros son ellos, por tener pareja como el que tiene un abrigo en el armario, que si cambia la tendencia ya no sirve.

Y menos mal, porque ya me pilla un poco tarde para cambiar de vocación…

La cuestión es que cada día estoy siendo más consciente de lo que supone ser médico: puedes no ir a trabajar y que la gente crea que sí. ¡Menudo chollazo!

El truco es tener tareas en varios sitios: consulta, planta, unidades (de endoscopia, de transplantes, de lo que sea), un despacho propio claro, a poder ser con una secretaria a la que le dé más o menos igual todo y… ¡Voilá! puedes desaparecer que la gente (sin quererlo) te va a justificar.

Hoy hemos ido un compañero y yo a buscar a los médicos que queremos incluir en la orla, bien, pues a unos cuantos no los hemos conseguido localizar, y a otros nos ha costado sudor y sangre (sobre todo sudor, porque entre el calor que hace en el hospital y la de pisos que tiene…).

-Hola, buenos días, somos estudiantes de 6º, estamos buscando al Dr. XXX (se dice el pecado, pero no el pecador).

-Uy, pues aquí no está, bajad a consultas a ver.

Bajas a consultas, la misma canción.

-No, si hoy no tiene consultas, ¿habéis mirado en planta?

-Precisamente de allí venimos.

-Pues no sé, mirad en su despacho.

Al despacho que vamos, contando con que, si no está el médico, su secretaria nos podrá orientar mejor.

-Holabuenosdiasblablaba

-No, no, por aquí no está, no ha pasado en toda la mañana, pero en el hospital tiene que estar, porque hoy tenía que hacer nosequé.

Se asoma alguien con varias toneladas de historias por otra puerta.

-¿Buscais al Dr. XXX? Sí que está sí, que le he visto yo antes. Mirad en quirófanos que creo que hoy tenía noseque operación.

La secretaria mira como las vacas al tren. Yo pienso (menuda agenda ordenada tiene este hombre, y menuda secretaria competente, ¡que no sabe ni si has venido al hospital! Tengo que preguntarle si tiene más amigas, porque yo tengo que hacerme con una así.

Vaaaaaaaaaaaamos a quirófano. Todo esto, contando con que los quirófanos están en las plantas 9, 10, 11 y las consultas en la -1, -2. Quedando los despachos más o menos en el centro (la 3ª o 4ª planta, dependiendo del servicio), y que están cambiando los ascensores, con lo que tardan horas en llegar, además de que el hospital tiene tres alas. En fin, un ejercicio “güeno, güeno”.

Total, que después de varias horas corriendo por el hospital, preguntando a diestro y siniestro, por fín das con alguien que debe ser amigo del médico en cuestión y algo de su vida personal sabe que te dice:

-Nooooooooo, si hoy no venía, que tenía cosas que hacer.

Lo cual te lleva a dos pensamientos fundamentales.

1) ¡Que profesión más maravillosa, que cuando tenga cosas que hacer no tengo que ir!

2) La señora con varios kilos de historias en la mano que pasaba por la secretaría debería pedir cita al oculista, porque esta mañana ha visto a alguien que no estaba allí.

Por supuesto toda esta aventura ha sido aderezada con miradas de desprecio y malos modos por una sencilla razón: NO LLEVÁBAMOS LA BATA PUESTA. Y como todo el mundo sabe eso es un sacrilegio penado poco menos que con unos cuantos escupitajos por el pasillo al pasar, no así cuando la llevas, que mereces tal respeto, que hasta los minusválidos se apartan para que pases (esto último no es metafórico ni exagerado, es verídico y vivido diariamente).

Realmente tengo que reconocer que esto no es la tónica general del hospital, a muchos médicos se les localiza rápido, están donde tienen que estar, faltan cuando tienen que faltar, avisan y trabajan muy bien. Y hay personal que es educadísimo, amabilísimo, y que te ayuda mucho vayas con bata o sin ella, y sabiendo o no quién eres. Pero es cierto que lo malo es lo que más destaca, y a mí no es la primera vez que pasa que voy buscando a un médico al que todo el mundo asegura haber visto, y en realidad no había pisado el hospital, justificadamente o no, eso me demuestra lo fácil que es para los médicos en un hospital grande no ir a trabajar, y que la gente se crea que sí que han ido (cosa que no implica que todos los hagan, ni que los que falten lo hagan injustificadamente, ni muchas otras opciones muy lícitas y razonables). Simplemente eso, lo fácil que es faltar y que parezca que no faltas…