Y menos mal, porque ya me pilla un poco tarde para cambiar de vocación…

La cuestión es que cada día estoy siendo más consciente de lo que supone ser médico: puedes no ir a trabajar y que la gente crea que sí. ¡Menudo chollazo!

El truco es tener tareas en varios sitios: consulta, planta, unidades (de endoscopia, de transplantes, de lo que sea), un despacho propio claro, a poder ser con una secretaria a la que le dé más o menos igual todo y… ¡Voilá! puedes desaparecer que la gente (sin quererlo) te va a justificar.

Hoy hemos ido un compañero y yo a buscar a los médicos que queremos incluir en la orla, bien, pues a unos cuantos no los hemos conseguido localizar, y a otros nos ha costado sudor y sangre (sobre todo sudor, porque entre el calor que hace en el hospital y la de pisos que tiene…).

-Hola, buenos días, somos estudiantes de 6º, estamos buscando al Dr. XXX (se dice el pecado, pero no el pecador).

-Uy, pues aquí no está, bajad a consultas a ver.

Bajas a consultas, la misma canción.

-No, si hoy no tiene consultas, ¿habéis mirado en planta?

-Precisamente de allí venimos.

-Pues no sé, mirad en su despacho.

Al despacho que vamos, contando con que, si no está el médico, su secretaria nos podrá orientar mejor.

-Holabuenosdiasblablaba

-No, no, por aquí no está, no ha pasado en toda la mañana, pero en el hospital tiene que estar, porque hoy tenía que hacer nosequé.

Se asoma alguien con varias toneladas de historias por otra puerta.

-¿Buscais al Dr. XXX? Sí que está sí, que le he visto yo antes. Mirad en quirófanos que creo que hoy tenía noseque operación.

La secretaria mira como las vacas al tren. Yo pienso (menuda agenda ordenada tiene este hombre, y menuda secretaria competente, ¡que no sabe ni si has venido al hospital! Tengo que preguntarle si tiene más amigas, porque yo tengo que hacerme con una así.

Vaaaaaaaaaaaamos a quirófano. Todo esto, contando con que los quirófanos están en las plantas 9, 10, 11 y las consultas en la -1, -2. Quedando los despachos más o menos en el centro (la 3ª o 4ª planta, dependiendo del servicio), y que están cambiando los ascensores, con lo que tardan horas en llegar, además de que el hospital tiene tres alas. En fin, un ejercicio “güeno, güeno”.

Total, que después de varias horas corriendo por el hospital, preguntando a diestro y siniestro, por fín das con alguien que debe ser amigo del médico en cuestión y algo de su vida personal sabe que te dice:

-Nooooooooo, si hoy no venía, que tenía cosas que hacer.

Lo cual te lleva a dos pensamientos fundamentales.

1) ¡Que profesión más maravillosa, que cuando tenga cosas que hacer no tengo que ir!

2) La señora con varios kilos de historias en la mano que pasaba por la secretaría debería pedir cita al oculista, porque esta mañana ha visto a alguien que no estaba allí.

Por supuesto toda esta aventura ha sido aderezada con miradas de desprecio y malos modos por una sencilla razón: NO LLEVÁBAMOS LA BATA PUESTA. Y como todo el mundo sabe eso es un sacrilegio penado poco menos que con unos cuantos escupitajos por el pasillo al pasar, no así cuando la llevas, que mereces tal respeto, que hasta los minusválidos se apartan para que pases (esto último no es metafórico ni exagerado, es verídico y vivido diariamente).

Realmente tengo que reconocer que esto no es la tónica general del hospital, a muchos médicos se les localiza rápido, están donde tienen que estar, faltan cuando tienen que faltar, avisan y trabajan muy bien. Y hay personal que es educadísimo, amabilísimo, y que te ayuda mucho vayas con bata o sin ella, y sabiendo o no quién eres. Pero es cierto que lo malo es lo que más destaca, y a mí no es la primera vez que pasa que voy buscando a un médico al que todo el mundo asegura haber visto, y en realidad no había pisado el hospital, justificadamente o no, eso me demuestra lo fácil que es para los médicos en un hospital grande no ir a trabajar, y que la gente se crea que sí que han ido (cosa que no implica que todos los hagan, ni que los que falten lo hagan injustificadamente, ni muchas otras opciones muy lícitas y razonables). Simplemente eso, lo fácil que es faltar y que parezca que no faltas…