Llevo unas semanas rotando por servicios donde la historia familiar es muy importante en la salud del paciente, hace tres semanas comencé las prácticas de psiquiatría y esta semana estoy ya en pediatría (¡¡al fin!!), y estoy comprobando como evoluciona lo que a mi me parece una auténtica plaga del siglo XXI: los divorcios de parejas con hijos. Es increíble como puedes pasarte una mañana entera escuchando diferentes historias sobre familias rotas, pero todas con un denominador común: afectan, en ocasiones mucho, a la salud de los hijos.

Seguramente el hecho de ser hijos de padres separados no sea en sí mismo un factor de riesgo para prácticamente nada, pero en separaciones mal llevadas puede generar grandes angustias a los hijos que les pueden llevar a enfermar por diferentes motivos.

En el caso de los pacientes psiquiátricos, aunque muy probablemente casi todas las patologías tengan una base orgánica, o una cierta predisposición, si qué observé que la mayoría de pacientes que ví (tampoco he estado mucho tiempo, vamos que no sacaría pacientes suficientes como para hacer un estudio científico) venían de familias desestructuradas y/o de ambientes inestables durante su infancia. Factores que muchas veces, si no desencadenantes, sí resultaban perpetuadores de la psicopatología del paciente.

En el caso de la pediatría es increíble la de niños pequños que vienen a la consulta de padres separados. Como estoy haciendo las prácticas en endocrino, estoy viendo que a muchos de estos niños la situación les genera ansiedad, lo cual les dificulta seguir unos hábitos alimentarios, unas rutinas de ejercicios… además de las consabidas guerras del estilo de “no, si en mi casa come divinamente, es que cuando va a casa de su padre come lo que le da la gana” y viceversa el día que viene a consulta con el padre. Al final el niño se ve metido en un rifirafe sin comerlo ni beberlo (nunca mejor dicho) y no sabe ni que hacer, además la mayoría de las veces los padres sacan trapos sucios del otro progenitor con el niño delante, no cual no ayuda mucho tampoco, la verdad.

Total, que al final una ya duda de todo, porque aunque tú, evidentemente, quieras a tu pareja, estés segura de que es el hombre de tu vida y todas esas cosas, vas viendo como día tras día se van rompiendo matrimonios a tu alrededor, y piensas “¿conseguiré ser yo la rara que aguante durante lo que me queda de vida con la misma persona?” Espero que sí.

En cualquier caso, y como hija de padres separados (no iba a ser una rareza yo) y como observadora de muchas tragedias familiares en las últimas semanas, desde aquí me gustaría pedir a todos los padres que lean esto, por muy seguros que estén a día de hoy de lo que hacen (que me parece perfecto), que si algún día, por el motivo que sea, deciden que su vida tiene que ir por otro camino, que por favor pongan siempre a sus hijos por delante de todo lo demás, que no discutan las decisiones del otro con los niños, sino entre ellos mismos y pensando siempre en lo mejor para sus hijos, que aunque se acabe el amor en una pareja, el sentido común, el saber estar, la educación, el respeto hacia la otra persona, no tiene por que desaparecer.

Gracias.